UN LAPSUS

Miguel Ángel Lucero Zafra

Un lapsus



 

Después de haber terminado el artículo del Cambio climático, donde he dejado bastante energía y lo daba por el último que iba a publicar, ya que la economía se ha estancado y no tiene visos de reanudación al ser los mismos los que lo dirigen.

Entonces me plantee para no cerrar el blog, continuar pero escribiendo en otra disciplina “la Restauración”, simplemente porque me considero muy sibarita, y conozco casi todos los mejores manjares que se producen en España. Este apartado va a ser mi crítica personal a las recetas que disfrute en los distintos restaurantes en los que he estado y voy a visitar, teniendo también en cuenta mis conocimientos de economía, empresa y de sus distintos departamentos.

Quiero dejar claro que como voy de incognito y me pago lo que como, puedo opinar libremente sin presiones.

Es obvio, que cuando se produzcan noticias relevantes de economía para escribir un artículo, lo haré por supuesto.

 

Pero el titulo no se refiere a lo dicho sino a lo que viene por delante.

Necesito expresar por qué bailan mis neuronas a tal velocidad que me impiden escribir el  artículo que pretendo sobre los chinos, así espero que se relajen.

 

El motivo es mi viaje a Sevilla donde viví la madrugá, que aunque todos los años dicen que es la misma nunca es igual.

Desde mi silla en la Campana cuando ves a lo lejos venir a  “el Gran Poder” moviéndose que parece que viene andando, caminar característico de este Paso, envuelto en ese silencio al que el entorno se acoge, empiezas a tener los pelos de punta y unas vibraciones que se convierten en sensaciones, vivencias, experiencias y captas que los que te rodean lo viven igual que tú empiezas a viajar a lo sublime. Después escuchas la música de tambores y trompetas que acompañan “al Caballo”, y empiezas a ponerte nervioso, y se asoma por la esquina de la plaza el hocico y se retranquea, y sigue, y ahora la cabeza y vuelve a retranquearse, envuelto en la armonía de la marcha profesional que toca la Banda, la plaza se queda extasiada y siguen esos costaleros meciendo a ese paso al compás de la música y todos tus sentidos se revolucionan, vivencia tras vivencia, arropado por tus vecinos que sienten lo mismo, lo sublime se quedó tan atrás, y cambian de marcha y esa insuperable escultura de movimiento para acompasar a esas notas musicales que penetran en el cerebro de los presentes y suben las emociones hasta donde el cerebro es capaz de apreciar. Cerca de una hora disfrutas de ese sueño vivo en ese recinto, que es único durante la Semana Santa, donde especialmente allí los sentimientos llegan a su máxima expresión. Todos los años cuando esa mole de arte y simbolismo pasaba por delante de mí, y la tocaba, detrás venía mi amigo T., y nos abrazábamos como dos colegiales compartiendo energías. Pero este año no ha podido ser, pues su salud no le ha permitido acompañar a nuestro Cristo. Como compensación se sentó a mi lado un Hermano Mayor de la Hermandad N. S. de la Esperanza de Triana, R., persona entrañable y sencilla que me hizo sentirme cercano, como si fuéramos amigos de siempre, estuvo contándome anécdotas seductoras. Como lo conocieron, el nazareno que portaba la reliquia de Juan Pablo II se acercó para que la besáramos, momento mágico y después me obsequio con una estampa suya, para recordar ese momento. Y como postre “el gitano” el Cristo que según gira en la plaza del Duque para entrar en ese corral de emociones agudizadas a la máxima capacidad, comienza la Banda a tocar la marcha de la saeta y se funde con su caminar y dices: esto es paradisiaco, esto no es posible, más no es capaz de asimilar un cerebro, pero sí lo consigue. Cuando aquello termina te vas a tomar un chocolate con calentitos y piensas en alto: “esto hay que sentirlo,  es imposible contarlo”.

 

Para decir que uno ha vivido, no puedes dejar de disfrutar una Semana Santa con un cofrade y una Feria de Abril con un feriante, ambos sevillanos por supuesto.

 

Dice Stephen Hawking que existen 11 dimensiones, y después de haber disfrutado “la madrugá”, replicas, hay una duodécima: SEVILLA.


 

En la Campana de Sevilla, a 26 de marzo de 2016.